17.12.09

DIABLO CONOCIDO

Madrugada tras otra antes de partir a misa, Inés ejercita en un cajón la subida a la micro y posteriormente se pone su peluca alilada. Al subir, entera dentadura postiza, le pide rebaja al conductor que jamás le cobra.

Cuando recoge la colecta, solemne tras su velo negro, lo hace como teletransportándose en cámara lenta. Luego se arrodilla apenas ante el altar, deja la bolsa y con sólo EL mirando, saca unos billetitos casi más arrugados que su puño. Orgullosamente se compra unas pastillas de anís y en cada una mastica fuerte al maldito Dios que se llevó a Ernesto.