2.9.09

MORFEANDO

LMP es muy soñadora y es normal que al despertar se acuerde de sus sueños minuciosamente y casi siempre le dan risa aunque la mayoría de las veces sean la pura sobremesa del día anterior.

El sueño de anoche en cambio, fue una pesadilla de almohada mojada que me hizo acordar de la altísima cama de mi mamá y de cómo, proud bitch de chica, le decía que me iba para allá por frío. LMP le teme a muchas cosas, partiendo por supuesto, número uno y obsesión máxima, a la muerte y anoche tenía un tumor cerebral del porte de una pelota de tenis (como que siempre son de ese porte, estén donde estén, quepan como que no). Y cuando a uno le dicen algo así, se da cuenta primero y de nuevo, de que no tiene idea cómo está hecho, por ejemplo, algo tan elemental como el cerebro (es como el peor de los malagradecimientos no conocerlo entero a éste que nos permite estar respirando y escribiendo y en fin, ser el largo etcétera que somos).


LMP cuando el doctor le contaba sobre su penoso estado, entendía al fin por qué había andado tan olvidadiza y más lenta que nunca. Como si le hubiera sido más difícil seguirle el ritmo a la vida en el último tiempo y qué alivio saber que no era que había cambiado de personalidad, pensaba, y luego se daba cuenta de que incluso ahí estaba pensando pésimo. Porque quiéralo o no, iba a morir pre-apocalipsis (esperanza máxima de salvación a lo más cucaracha) y tenía que prepararme para la despedida de mis hijas que no iban a entender nada y mucho menos acordarse cuando grandes y se iban a quedar con puras fotos pésimas de ésta que era demasiado joven y tan santa, pero que sin embargo, como casi todos, siempre pensó que moriría sin llegar a vieja así que no podía quejarse tanto tampoco. Pero para rematar el pesimismo, luego me dí cuenta de que ni siquiera tenía edad ya para morir joven ni vieja ni nada en realidad. Una semi larva que jamás vería sus alas.

Me desperté toda apretada, y aún después de comprender que era de día y que era sólo la mente jugando en sus pasillos góticos, seguí aullando la miseria de saber que alguna vez de veras, no habrá más despertar que la muerte. Siendo optimista, por supuesto.