27.9.05

ALGUNO DE UDS. ESTÁ VIENDO ESTO DESDE UN CIBER CAFÉ ?


A LMP le encantan los ciber cafés y aunque dispone de internet personal, muchas veces los saluda desde estos lugares porque le gusta la sensación de viaje que le producen y el peculiar peinado de la mayoría de los tipos a los que hay que pagarles.

También le gusta espiar lo que hacen sus vecinos y los que le dan más risa son los que se urgen con estos espionajes y se revuelven un poco en la silla para tapar sus pantallas. LMP entonces, se siente desafiada a descubrir qué diantre es lo que esconden. Bueno, y aquí se pone fome la cosa porque por más increíbles que han sido los descubrimientos de estos cateos, LMP no entrará en detalle. Sapa quizás, soplona, jamás. La cosa es que propongo este nuevo vicio y premio al que le lea un email entero al vecino con cara de relájate no más si no estoy leyendo.


23.9.05

YELLOW BRICK ROAD


Pintura: Yoshimoto Nara


Hace dos años y algo, LMP y su pequeña familia decidieron irse a vivir al campo. Y dos años y algo se demoraron en estar aquí entre olivos, parrones, caquis, paltos, limoneros, naranjos, sandías, melones, chaguales, membrillos, duraznos, manzanos, ciruelos, túneles de tunas y palmas chilenas más antiguas que Chile. LMP no puede creer que el aire así de limpio sea algo natural y para todos los días. Uno se puede hiperventilar de tanto agradecerlo.

Aunque LMP había vivido en lugares muy distintos, nunca imaginó lo diferente que sería vivir fuera de la ciudad. Es como un dejá vu ancestral que a uno le viene al mirar tanta tierra deshabitada y cerros y cielo y árboles más altos que edificios y ni un poste de luz a la redonda. Aquí la noche vuelve a ser un lugar que no conocemos y la casa es un refugio hasta mañana.

LMP quiere puro comprarse vestidos floreados y un plumero para limpiar su mundito cantando y prepararlo para escribir, coser, cocinar por horas y jugar con la Esther que va a conocer la tierra tal cual era antes que se tuvieran que construir plazas o zoológicos.

LMP que ahora tiene casilla porque aquí no hay ni dirección, les agradece a todos los lectores presentes acompañarla hasta estos lares.

Hasta luego.

21.9.05

V o F


Dibujo: Yoshimoto Nara

15.9.05

LA HIJA DEL GUARDAGUJAS



La casita del guardagujas está junto a la línea férrea, al pie de una montaña tan empinada que sólo algunos árboles especiales pueden escalonar a gatas, aferrándose con sus raíces afiladas, agarrándose a los terrones hasta llegar a la cumbre.
La casa de madera desvencijada a causa del estremecimiento constante y los fragores. La casita pequeña en un terraplén de veinte metros junto a tres líneas.
Allí vive el guardagujas con su mujer, contemplando pasar los trenes cargados de fantasmas que van de ciudad en ciudad. Cientos de trenes , trenes del norte al sur y trenes del sur al norte. Todos los días, todos los meses, todo el año. Miles de trenes con millones de fantasmas, haciendo crujir los huecos de la montaña.
La mujer, como buena mujer, le ayuda a enhebrar los trenes por el justo camino.
La responsabilidad de tantas vidas satisfechas les ha puesto un gesto trágico en el rostro.
Apenas si pueden sonreír cuando se quedan como suspendidos mirando a su pequeña, una creatura de tres años, graciosa, delicada, con gestos de flor y de paloma.
Pasan los trenes con el fragor de hierros y largos metales arrastrados de toda una ciudad que soltara sus amarras, de tantos fantasmas desencadenados y ebrios de libertad.
La hija del guardagujas juega entre los trenes de su montaña con una confianza aterradora. Ignora que los niños ricos de la ciudad se entretienen con unos trenes pequeñitos como ratones sobre rieles de lata. Ella posee los trenes más grandes del mundo ....y ya empieza a mirarlos con desprecio.
Es un encanto de niñita. Vive despreocupada , suelta como si no quisiera apegarse a nadie. Se diría que un tren la arrojó allí al pasar como por casualidad.
En cambio sus padres viven pendientes de ella, la contemplan, mientras todavía es tiempo, la miman, la adoran.
Ellos saben que un día la va a matar un tren.



Vicente Huidobro, en Brevísima relación, Santiago de Chile, Mosquito editores, 1999

13.9.05

SOLEDAD COMÚN


Estamos todos solos.
pero también,
estamos todos.

6.9.05

LAS MUÑECAS DEL DIABLO

Es cierto que nosotras
las mujeres feas,
bailamos incluso menos que los hombres feos,
que somos un error de molde
en los laboratorios del Señor
y motivo de chiste recurrente
en todas las salas de clases que vivimos.
También es cierto
que si alguien se acuerda de nosotras,
lo hace por nuestro apellido
o por nuestro sobrenombre "secreto".
Feas sin nombre para colmo.

Desde chiquititas las feas sabemos
que a las otras les hablan con voz más dulce
y que en vez de qué linda,
a nosotras nos dicen qué amorosa
con verdadero empeño.
Crecemos enfrentando un mundo de tías
que cuando nuestras mamás no las ven,
nos escrutinan con sincera lástima.

Más que claro tenemos nosotras
-las únicas novias puntuales-
que el día en que nos rebelemos,
las que vivían de Bellas,
no tendrán para quién posar
y así va desarrolando una,
su gracia o su amargura.

Lo más paradígico para las feas,
es que nos la pasamos oyendo
consuelos sin fondo
como que la belleza va por dentro,
cuando está a la vista
que la belleza es una cosa
y la bondad o la inteligencia
otra muy distinta;
o consuelos del tipo la linda se va y la lesa se queda
siendo que con los años
la cabeza también se atrofia
y así, si llegamos a vieja,
además de haber sido siempre feas,
para colmo de los colmos,
nos morimos tontas.


5.9.05

4.9.05

DESTINADO LECTOR:


Que estés leyendo esto,
prueba que estabas
tan destinado a leerlo,
como yo a escribir
para ti
también.